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“La pandemia me dio fuerzas para emprender”, Taryn Trucios

Taryn Trucios Kleiman se quedó sin trabajo por el Covid. Lejos de deprimirse, la situación la llevó a lanzar su propia empresa.

Foto: Taryun Trucios

Taryn Trucios Kleiman se quedó sin trabajo por el Covid. Lejos de deprimirse, la situación la llevó a lanzar su propia empresa.

Quería ser fotógrafa y periodista, pero terminé estudiando administración de hoteles”, cuenta Taryn Trucios Kleiman, como quien narra los caminos extraños de la vida. Con el tiempo, construyó una carrera de éxito en el mundo del marketing y la comunicación. Antes del inicio de la pandemia, la amante del dibujo trabajaba en la multinacional francesa Veolia. Pero el Covid-19 la dejó sin trabajo, como a cientos de miles de personas en todo el mundo.

Ahí ella se enfrentó a un dilema: buscar trabajo en un contexto complicado. O lanzarse a la conquista de los sueños postergados. Por supuesto, eligió la segunda opción y así nació su emprendimiento Taryn, una marca que comercializa fotos, dibujos y prendas personalizadas con creaciones de la peruana. El proyecto es hijo de la pandemia y sirvió para llevar adelante algunas cuentas pendientes en su vida.

 

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La pandemia golpeó a todos de distintas maneras. ¿Cómo fue su caso?

Yo era jefa del área Marketing y Comunicaciones de la multinacional Veolia para Perú. Entiendo lo que pasó con mi trabajo porque sucedió con muchos otros. Mi perfil es multitasking: soy administradora de hoteles, tuve un restaurante en Máncora, estudié marketing y gestión comercial… A raíz de la pandemia, se me cerraron las puertas en todos lados. Y ahí pensé: “¿Ahora qué hago?” Sin pensarlo demasiado, hice un dibujo de la película “La La Land” y lo subí a mis redes sociales. Siempre pensé que no dibujaba bien, pero que mis dibujos eran distintos.

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De hecho, tus personajes no tienen rostro. ¿Por qué?

Porque debo tener un problema psicológico -se ríe. Creo que si tú reconoces al dibujo es algo propio. Ese primer dibujo llamó la atención de la gente. Un amigo me dijo: “Acabo de comprar un cuadro pero pagaría más por tu dibujo. Ponte a dibujar”.

Es algo que me llena totalmente y ahí dije: “Tengo que hacer algo con el dibujo”. Entonces me metí a un mundo que no conocía: el textil. Pensé que era fácil; sólo una cuestión de dibujar y estampar, pero va mucho más allá de eso. La empresa sólo tiene oficialmente tres meses. Y el mercado en el Perú es muy competitivo, lo que te da un gran nivel de exigencia.

¿De qué le sirvió su background en el mundo corporativo para emprender?

Te sirve todo lo que tienes, desde lo más mínimo que hiciste en tu vida. Todo te va forjando y construyendo como persona. De joven, yo dejé de estudiar fotografía porque pensé que no me iba a rendir. Luego me incliné por la administración y el marketing. Ninguno de los anteriores trabajos me llena como el de ahora, que es dibujar. Me atreví a hacer algo que me gusta. La pandemia me dio fuerzas para emprender.

Comenzó con dibujos de personajes de series y películas. Y luego el universo se fue haciendo cada vez más amplio. ¿Qué le solicitan los clientes?

Lo primero que salieron fueron los personajes. Me piden de todo: perros, abuelitas, familias… Todos saben que mis dibujos no tienen rostro y eso los hace personal.

Muchas de sus prendas son verde, amarillo, anaranjado… ¿Qué importancia le da a la cuestión del dolor?

Toda la vida me vestí con colores eclécticos. Podía ir a la oficina -llena de ingenieros franceses- con un vestido amarillo. Lima es una ciudad gris. Cuando sales, ves a gente con chombas negras, gris o, a lo sumo, azul oscuro. Creo que el color te cambia el estado de ánimo. Y mucho más en estos tiempos de pandemia. La gente lo tomó y pide muchas chombas rojas y amarillas.

Cuando el negocio comenzó, vendía una por día y era feliz; ahora, el promedio es de veinte (tienen un costo de 99 soles, con envío incluido). Yo hago todo: estampo, dibujo, compro la tela… Uso la técnica de ploteo, con plancha y vinilo europeo. La calidad del estampado no se pierde.

En estos meses, muchas palabras se resignificaron. Una de ellas es “reinventarse”. ¿Cobró un nuevo sentido para usted a partir de este emprendimiento?

Es el proceso en el que estamos muchas personas en el país. Y en otras circunstancias también es necesario hacerlo. La gente se atrevió a hacerlo durante la pandemia. Yo soy un ejemplo de lucha constante. Tienes dos opciones: te vienes abajo con un entorno deprimente y mucha gente muriéndose o sales adelante. Le veo el lado positivo a la pandemia. En mi proyecto, por ejemplo, la gente está metida en casa y compra más cosas.

¿Le da temor el futuro? Me refiero cuando la gente salga más y no compre tanto.

Uno debe adecuarse a las cosas, con la cabeza puesta en el cambio y la evolución. Cuando se pueda, me gustaría abrir una tienda con local a la calle. Ahora, vendo a través de las redes sociales e incluyo el delivery en la venta. Se la pongo fácil al cliente. Además, doy una garantía de la prenda. Hago lo que me gustaría que una marca haga conmigo como clienta.

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Noviembre
23 / 2020