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Proyecto Sinba, la cruzada por un Perú sin basura

“El proceso del recojo y tratamiento de la basura es un hecho del que a nadie le gusta hablar”, Pipo Reiser, uno de los fundadores de Sinba.

Foto: Juanjo Menta / Pexels (imagen de referencia)

“El proceso del recojo y tratamiento de la basura es un hecho del que a nadie le gusta hablar”, Pipo Reiser, uno de los fundadores de Sinba.

Y es que todo ocurre en la sombra, de noche, y una vez que colocan la basura fuera de la casa, la gente se desentiende. Ahí es donde Sinba se enfoca a través de este emprendimiento social que desde 2018 trabaja de manera incansable por educar, transformar los residuos orgánicos, y disminuir así la contaminación en el país.

Inicios de concurso

Pipo trabajó varios años en el mundo corporativo, pero sentía que no era lo suyo. Las reglas y las formas de ejecutar están muy establecidas y son difíciles de cambiar o de mejorar. Por eso desarrolló la creatividad y armó un proyecto sustentable y socialmente responsable, donde involucra a los diferentes eslabones de la cadena de reciclaje.

Los restaurantes fueron su primer foco. “Sabemos que un restaurante genera en promedio al día la cantidad de basura equivalente a 100 casas”, asegura Pipo. Y Perú, como país modelo de gastronomía en la región tiene una responsabilidad en este sentido. Por eso nuestros primeros clientes fueron los cocineros, cuenta.

Sinba ganó el premio para emprendimientos sociales en 2017, y en pocos meses ya tenía como clientes a Maido, Central, Amaz, Panchita y varios más. “Comenzamos en 2018 con diez clientes, en 2019 aumentamos a 25, y antes del Covid alcanzamos los 45”, asegura Pipo. Y ya no solo son restaurantes, sino también colegios, universidades, supermercados.

“Es interesante porque cuando comenzamos a conversar con los restaurantes y a preguntarles si sabían lo que ocurre con los desechos que generan, ninguno estaba seguro”, confirma Pipo. Es difícil pensar en algo de lo que prácticamente no se habla. Hay poca información disponible.

 

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Los eslabones de la cadena

El objetivo principal con los restaurantes es aprovechar el 90% de los residuos orgánicos que generan (restos de comida, huesos, cáscaras, etc) y que normalmente se van al relleno sanitario (un hueco profundo que se hace en la tierra para depositar la basura que luego se compacta y se cubre).

Sinba transita un camino mucho más largo y engorroso, que asegura la sustentabilidad y completa el ciclo. “Nosotros, lo que ofrecemos es primero separar los residuos; los inorgánicos como plástico y vidrio, los encargamos a los recicladores, a quienes pagamos por esto. Y los restos orgánicos se convierten en alimento para los animales, y en abono”, asegura.

Y para que el esfuerzo muestre sus frutos, todos tienen que estar conectados con el objetivo. Por eso el primer paso es capacitar al personal del restaurante. “Realizamos un diagnóstico sobre la generación de residuos, y luego procedemos a capacitar al equipo sobre todo en cuanto a la separación de los desechos (recolección selectiva) – plástico, vidrio, papel o cartón y restos orgánicos. Establecemos horarios y días fijos de recojo”, cuenta.

¿Y esto cómo ocurre?

La respuesta mágica es la bio fábrica, un modelo que se aplica en países como Japón y Corea que son algunos de los ejemplos a los que apuntan con Sinba. Aquí transforman los residuos orgánicos, hasta 500 kilos diarios, y se aseguran de cerrar el ciclo. Es decir, una vez que obtienen como resultado alimento animal o abono orgánico, lo venden a granjas locales.

“Ese es alimento de calidad, sobre todo para los cerdos”, asegura Pipo. “Tiene todos los nutrientes; es incluso mejor que la comida que reciben regularmente”. Pero ahí no se detiene la cadena. Han logrado que los restaurantes compren a estos criadores de animales.

“Cuando le presentamos el proyecto a Virgilio Martínez de Central, hizo hincapié en esto. Nos dijo que le encantaría comprar los cerdos de ese productor, pues hay un trabajo consciente y comprometido”, cuenta Pipo. Uno de estos productores, Serrano Agroecológico, comercializa sus productos en la feria de Barranco: cerdos, gallinas y patos libres y alimentados de manera natural.

 

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¿Cómo funciona el trabajo con los clientes?

Una forma de medir el impacto que este trabajo tiene para el ambiente es presentar un reporte mensual a los clientes. “Hacemos un paralelo con los árboles. El equivalente a recuperar 2.200 toneladas de residuos es el plantar 40 mil árboles”, confirma Pipo.

Han llegado a recuperar hasta seis toneladas de residuos diarios, un número que sorprende, pero que comparado con las 10 mil toneladas que se generan en Lima al día, hace ver el gran camino que falta por conquistar.

En tiempos de reinvención

Es cierto que esto ha sido un reto enorme para todos, sobre todo para el sector gastronómico. Por eso están explorando maneras alternativas de estar presentes y de ofrecer soluciones. Así nace la conexión con el delivery. Los restaurantes se suscriben a Sinba, y ofrecen el servicio de recojo de envases de comida en la casa por S/5.

Después de esto recién comienza todo el proceso de reciclaje. Aún hay mucho por hacer. Esos S/5 son un pequeño granito de arena que suma a este gran camino de cambio y toma de conciencia.

“Se ve como una paradoja aquello de que el bien social sea rentable”, reflexiona Pipo. Si bien el reciclaje manejado correctamente beneficia a todos, también es un camino que cuesta esfuerzo y una recompensa justa a quienes trabajan en pro de un mundo más limpio y más consciente.

Para más información sobre cómo hacerse socio o sumar al proyecto, visiten aquí su página web.

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Agosto
26 / 2020