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Ricardo Cuenca: “Reducimos la pobreza, no las desigualdades”

El investigador y director general del Instituto de Estudios Peruanos, es uno de los ensayistas de “Afrontar la pandemia”. El libro intenta analizar el trauma social desde diferentes enfoques.

Foto: Random House / Ricardo Cuenca

El investigador y director general del Instituto de Estudios Peruanos, es uno de los ensayistas de “Afrontar la pandemia”. El libro intenta analizar el trauma social desde diferentes enfoques.

A ún no sabemos qué marcas dejará la pandemia en nuestras vidas. Las dimensión de este trauma social ya es objeto de estudio para los intelectuales y escritores. El libro Afrontar el desastre. Reflexiones sobre la pandemia en la sociedad peruana (Penguin Random House) intenta algunas respuestas, con ensayos de Ricardo Cuenca, Alicia del Águila, Carmen McEvoy y Jorge Bruce.

Los textos que forman parte de la publicación, editada en formato ebook, giran en torno al rol de las instituciones estatales, la precariedad del sistema y los nuevos temores que surgieron a partir de la medida establecida por el gobierno peruano el pasado 15 de marzo.

Ricardo Cuenca, investigador principal y director general en el Instituto de Estudios Peruanos, puso el foco en la “desobediencia” de los peruanos, con una mirada que apunta a “flexibilizar el asunto”. En diálogo con Diners, da su mirada al tema. Y una aproximación a qué sociedad podemos esperar cuando todo esto termine.

Su ensayo está titulado Razones de la desobediencia. ¿Cómo calificaría el comportamiento de la sociedad peruana en estos tiempos de pandemia?

El título del ensayo tiene algo de provocador. En la discusión, una de las preguntas que más estuvo presente es la siguiente: ¿Por qué no hacemos caso a las normas que nos da el Gobierno? Eso terminó siendo un campo de disputa. Cada enfoque quería atribuirse la razón. Con mi artículo, quise flexibilizar el asunto.

¿De qué forma?

Todos tienen un poco de razón. Y ninguno la tiene de manera total. El asunto es más complejo que plantearse si soy o no responsable. O si hago caso. Responde a un conjunto de elementos, que parten de una situación contextual dura y fuerte, que en muchos análisis se dejan pasar por alto.

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Usted hace foco, principalmente, en el tema de las desigualdades…

Sin dudas. Es indispensable marcar que, aún en este contexto de incertidumbre, hay mucha gente que no tiene las condiciones materiales para cumplir el confinamiento. Tienen que salir a trabajar porque viven del día a día; generalmente lo hacen en una casa multifamiliar y hacinados, con problemas de agua y luz. Esas condiciones materiales son estructurales.

En el Perú aprendimos a reducir la pobreza, pero no las desigualdades. Yo soy psicólogo social y siempre me llamó la atención una de las máximas de la disciplina: el comportamiento social no es la suma de los comportamientos individuales. Con el tiempo, se fue transformando la idea de ciudadanía.

Foto: Martin Jernberg / Unsplash

¿En qué sentido se transformó?

En un doble sentido. Por un lado, está la idea de que es suficiente con ejercer la ciudadanía política. Y, por el otro, está la ciudadanía con un vínculo más instrumental con el Estado. Hago lo que puedo. Si no puedo, te pido ayuda; exijo un bono o la empresa solicita un salvataje. Hay una relación funcional con el Estado.

Quedarme en mi casa, con sacrificio, también es un ejercicio de ciudadanía. Y no sólo de supervivencia. Lo mismo que acatar las órdenes del Gobierno. Estas cuestiones aparecieron muy fuerte en la discusión, al igual que la noción de libertad. Te guste o no, hay un orden que respetar. Me cuido no sólo por solidaridad sino por ser parte de una nación.

Marcaba que el Perú aprendió a reducir la pobreza, pero no las desigualdades. ¿La pandemia funciona como un reflector, como algo que subraya aún más esa situación?

El Perú, como muchos otros países, creció luego de la década del 80. Había un enorme grupo de personas viviendo en situación de pobreza. El foco estuvo puesto en sacar a la gente de esa vulnerabilidad, con programas de protección social. Sin embargo, ese proceso no vino acompañado de políticas redistributivas que se ocuparan no sólo de tener menos pobres, sino también de reducir la brecha entre los más ricos y los que menos tienen.

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Las consecuencias de esas desigualdades son terribles para cualquier país porque suponen ciudadanías diferenciadas; no se reconocen identidades y hay poca cohesión social. Frente a eso, el Estado no puede sino atenderlos. Las desigualdades no son consecuencias naturales.

A la hora de hablar del trauma social que dejará la pandemia, se vislumbran dos grandes corrientes de pensamiento. Una que dice que nada cambiará y otra que cree que algunos paradigmas serán cuestionados. ¿Cuál es su mirada al respecto?

Soy de los que piensan que algunas cosas van a cambiar. De alguna forma, ya empieza a notarse algo que en el Perú se había perdido: el valor de lo público y de lo colectivo. Empieza a tener un asomo de recuperación. Pero esto necesita ser acompañado y estimulado. Yo suelo ser crítico con el Perú.

¿Con qué aspectos de la ciudadanía peruana?

Con nuestra solidaridad de Teletón. A veces, somos solidarios en campañas específicas y no en el día a día. Deberíamos aprovechar estas chispitas para que el cambio pueda originarse. Las formas de trabajo, de educación y de vincularse con el sistema de salud seguramente cambiarán. Estos cambios deberían orientarse hacia un rumbo mejor, pero necesitan de una compañía. No se producirán de manera natural.

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