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Chepo! Animación: talleres de cine con stop motion para chicos

El proyecto Chepo! Animación brinda talleres con técnica stop motion. Conozca la historia detrás del trabajo colectivo y la magia del movimiento.

Foto: Chepo! Animación

El proyecto Chepo! Animación brinda talleres con técnica stop motion. Conozca la historia detrás del trabajo colectivo y la magia del movimiento.

P ensar en nuestros pueblos y ciudades. Crear sentido sobre ese mundo y sus creencias. Idear personajes en plastilina, tela y otros materiales para que cuenten una historia. Y, finalmente, sorprenderse con la magia cuando las creaciones cobran vida. Esa es solo una parte del trabajo de Chepo! Animación, un proyecto audiovisual y educativo creado por la artista argentina Sofía Quirós y el músico chileno Daniel Canto Molina.

Desde hace cuatro años, la dupla creativa viene realizando talleres de cine de animación, con técnica stop motion. El resultado de los encuentros es una serie de cortometrajes -ya llevan creados más de 50- sobre la identidad cultural de los lugares que visitan.

El espíritu del proyecto es presencial e itinerante. Lo llevaron a varias localidades de Chile y Argentina, donde ofrecieron los talleres en festivales de cine, ferias del libro, museos, instituciones educativas y áreas culturales de municipios.

Ahora, a raíz de la pandemia, adaptaron el contenido a las nuevas modalidades virtuales. Quirós, artista, ilustradora y música, cuenta cómo es la mecánica de trabajo y el potencial del trabajo colectivo en los niños.

chepo! animación

¿Cómo se gestó Chepo! Animación?

Al principio, fueron talleres de animación que yo realizaba. Después, con Daniel fuimos generando la itinerancia del proyecto de una forma natural: él es de Antofagasta (Chile) y yo de Buenos Aires (Argentina). Quisimos aunar el lenguaje de la animación en stop motion con un enfoque social, que tenga vinculación con el patrimonio y la identidad cultural de cada localidad.

La idea es poner el arte al servicio de difundir, fomentar y valorar las historias locales, ya sean de un barrio, un pueblo o una ciudad. El stop motion es el medio para reflejar esas tradiciones, mitos y leyendas populares.

¿Cuál es el formato del taller que ofrecen?

En general, trabajamos con un formato intensivo de cuatro encuentros. Participan principalmente niños desde los diez años, jóvenes y adultos. Se da una dinámica de trabajo colectivo en el que desarrollan los cortos a partir de las historias de relevancia de sus pueblos.

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Partimos de lugares emblemáticos, costumbres y comidas típicas. Cualquier gesto o elemento identitario puede servirnos para contar una historia. A partir de ese punto de partida, desarrollamos los personajes. Se crean con plastilina y recortes de papel, en dos y tres dimensiones.

Luego filmamos las escenas animadas. Los asistentes aprenden a animar y participan de esa filmación; también les ponen las voces a los personajes del relato. En algunas ocasiones, llegaron a grabar música original.

¿De qué manera adaptaron el contenido a la virtualidad que obliga la pandemia?

Nuestros talleres son presenciales e itinerantes. Ahora nos vimos obligados a reinventar el formato. Recientemente, dimos uno organizado por un concurso internacional de cortometrajes de inclusión llamado “Todos somos diferentes”, impulsado por Francisca Fonseca en Chile.

Fue virtual e impartido en videos previamente grabados; ese material tenía la particularidad de que venía con lenguaje de señas y subtitulado. A partir de la cuarentena, comenzamos a trabajar con talleres virtuales como el del concurso. Tienen módulos grabados en videos, con una instancia de reuniones para conocer los avances y contestar las consultas. También trabajamos con talleres sincrónicos online, a través de la plataforma Zoom.

Trabajan con aspectos de la identidad de los pueblos y localidades. ¿Cómo es esa búsqueda de la idiosincrasia propia?

Es una de las cosas que más disfruto de la tarea porque cada experiencia es distinta. Muchas veces sucede que la gente no sabe qué contar o pareciera que no tiene una mirada tan fuerte de lo propio. Depende mucho del lugar y del contexto.

Entonces, comenzamos a explorar desde lo micro a lo macro, con preguntas del tipo: ¿Cuáles son los personajes de este pueblo? ¿En qué lugares se encuentran? ¿Hay algún rumor que sea frecuente? ¿Algo fantástico que quieran contar? Así aparecen las historias propias de cada localidad; es muy interesante relevar esas miradas.

Chepo! Animación

Todos conocemos y consumimos productos de animación. ¿Qué descubren los chicos al usar la herramienta?

El principal descubrimiento tiene que ver con la magia del movimiento; poder darle vida a algo que no lo tenía, a través de un mecanismo artesanal. En una época en la que lo digital está tan desarrollado y tenemos muy presente a la pantalla, buscamos darle valor a lo artesanal y al contacto con el material.

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Los chicos se compenetran en crear el personaje, la escenografía y todo el mundo de las historias, a partir de la utilización de plastilina, recortes de papel, telas y tejidos, entre otros elementos. Por ejemplo, contamos una historia de las mujeres migrantes del barrio de Bajo Flores en Buenos Aires. Incorporamos el tejido porque tenía una relación con la historia que se estaba contando. También hacemos la música para cada corto; en algunos casos, las letras están inspiradas en el relato de la experiencia.

Además de esa sorpresa de los chicos por el movimiento, ¿qué aspectos le resultan fascinantes del trabajo con ellos?

Entre nosotros y ellos surge algo de mucho agradecimiento y entusiasmo, que le da sentido a la tarea. Los pibes se sienten realizados por hacer algo que pensaban que no podían hacer. Entre ellos, surge algo lindo de trabajo colaborativo y cooperativo.

Se necesita de la ayuda de la otra persona. Eso genera mucha interacción y mucha risa en el armado de los muñecos. Hay una conversación en el hacer y vamos rotando los roles. La idea es que todos realicen personajes, animen y estén con la computadora y la cámara. Todos somos necesarios en el proceso.

También incorporaron a personas con alguna discapacidad…

Eso fue algo que surgió en el camino y tuvimos una respuesta muy linda. Ahí ves el valor del arte y de poder comunicar a través del hacer y de lo creativo. Trabajamos con gente con adicciones, síndrome de Asperger y autismo. Hay mucha entrega y cariño en los talleres; no te olvidas más de esas experiencias.

Para pedir más información sobre los talleres de Chepo! Animación, puede escribir al correo chepoanimacion@gmail.com o ingresar a su página de Facebook.

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