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Las mujeres artesanas que le dan vida a las mascarillas

Los tapabocas se incorporaron al atuendo cotidiano. De ahí que algunas emprendedoras decidieron intervenirlos para mejorar su estética y sobrevivir a la cuarentena.

Foto: César Lanfranco

Los tapabocas se incorporaron al atuendo cotidiano. De ahí que algunas emprendedoras decidieron intervenirlos para mejorar su estética y sobrevivir a la cuarentena.

La pandemia nos quitó la sonrisa. Nos dejó sin expresión. Pero, queramos o no, toca asumir que las mascarillas forman parte de nuestra nueva normalidad y lo ideal es buscar alguna que –además de cumplir con las normas de sanidad– tenga un poco de personalidad.

Lo bueno es que conseguir tapabocas con esas características ya no resulta difícil.  Ahora, se promocionan por redes sociales varios emprendimientos liderados por mujeres, quienes tuvieron que replantear sus negocios de confección para subsistir, ante las dificultades que impuso la cuarentena. 

Frente a esos obstáculos, decidieron hacer uso de sus talentos para atender una necesidad, que, según parece, no será pasajera.

Colores de Sarhua: mascarillas para alegrar la pandemia

Mujeres artesanas mascarillas

Foto: César Lanfranco

Gaudencia Yupari es un referente en el distrito de Sarhua. Esta mujer de 54 años se le conoce por ser una maestra en la elaboración de polleras bordadas, característica de la cultura ayacuchana. 

Su destreza en esta técnica ancestral la adquirió a pulso y, de a poco, ha ido involucrando a su hija Violenta Quispe, quien también obtuvo de su padre la habilidad de hacer las reconocidas tablas pintadas de Sarhua.

Ambas se han abocado a difundir su cultura a través del arte. Pero la irrupción del coronavirus amenazó con poner fin a ese compromiso, pues se vieron limitadas a continuar con la producción de su taller. Debido a esto tuvieron que buscar soluciones. 

La idea de hacer mascarillas surgió por la escasez que se presentó en las farmacias y por el costo al que pretendían venderlas. Entonces, Violeta se propuso elaborarlas y, de paso, aprovechar para ponerle un toque diferenciador que se asociara más con su identidad.

“Yo quería llevar una mascarilla que me representara”, cuenta Violeta. “Una que tuviera una conexión con el arte de Sarhua y me permitiera mantener mi compromiso con la difusión de mi cultura, ahora que tenemos las limitaciones de la cuarentena”.

Así comenzó a trasladar en telas aquellas pinturas que solía hacer sobre madera y ello animó a su madre a hacer otras inspiradas en las polleras de Sarhua. Esa combinación dio como resultado piezas llenas de hilos, colores y texturas.

Las mascarillas que salen del taller Viga de Sarhua (ubicado en Chorrillos), aparte, se diferencian porque incluyen mensajes en apoyo a la naturaleza y a la igualdad de género. Por ejemplo, el lema #NiUnaMenos que aboga por el cese de la violencia doméstica. 

“Nunca pensé que una crisis de tal magnitud nos daría la posibilidad de difundir nuestro arte y darle protección a la gente. Pese a los momentos difíciles, siempre hay maneras de salir adelante”, comenta Violeta.

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Conozca más sobre Viga de Sarhua aquí.

Arte cusqueño para contrarrestar el virus

Doris Barrientos vive a 3.700 metros de altura en Maranganí, departamento de Cusco. Ella forma parte de la Asociación de artesanas Las Margaritas de Maranganí, que confecciona piezas con una técnica conocida como maquinazca, que mezcla el bordado manual y la máquina de coser. 

Sus productos artesanales solían venderlos en mercados y particulares. Hasta que el 16 de marzo se decretó la cuarentena y Doris se encontró en el abismo de no tener a quién ofrecérselos.

“¿Qué voy a hacer ahora? Fue lo que pensé”, comenta. “Yo siempre he trabajado en el bordado y ya no tenía mi sustento”, agrega.

Esa necesidad de seguir trabajando dio origen a mascarillas diferentes, con detalles propios de la identidad cusqueña. Sus diseños, en particular, hacen énfasis en la flora y la fauna de esa región. 

“Son piezas coloridas para subir el ánimo”, afirma Hildred Ccalle, hija de Doris, quien la apoya en esta iniciativa. “Es una manera de plasmar nuestro arte, hecho con amor, para contrarrestar juntos el virus”. 

Hasta ahora, la venta de sus “similukunas” –como se le conoce a la mascarilla en Quechua– se concentra en Cusco. Sin embargo, preparan los primeros pedidos para llevar a Lima. 

Puede encontrar el trabajo de la asociación en su página de Facebook.

Tapabocas con diseños personalizados

 

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Bianca de Stefano y Susana García crearon en octubre de 2015 una marca de pañuelos. El concepto de 2B or not to be era ofrecer diseños únicos y personalizados, a partir de las facilidades que brinda la tecnología de impresión de telas. 

Sin embargo, la llegada del coronavirus dejó en vilo su negocio, que había logrado extender sus ventas hasta Colombia. 

“La colección de 2B se quedó en stand by”, explica Bianca, una venezolana con 8 años en Lima.  “Pero al ver la necesidad de usar mascarillas, se me ocurrió usar la filosofía de 2B para hacer prendas personalizadas, que sirviera para toda la familia”.

Ellas mismas diseñan las telas y complacen las preferencias del cliente. De esa manera, logran piezas únicas, divertidas y originales. “Al principio, pensábamos hacer unas 100. Ya vamos por 600 y ahora queremos seguir llenando de color las calles de Lima, en medio de esta pandemia”.

Para conocer más sobre ellas puede seguirlas en su cuenta de Instagram.

 

 

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Junio
02 / 2020

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