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Educación virtual: la era de la nueva normalidad

Liliana Alvarado, directora de la Escuela de Postgrado de la UTP, cuenta de qué manera se adaptaron a la educación virtual cómo esta será cada vez más común.

Foto: Gabriel Benois / Unplash

Liliana Alvarado, directora de la Escuela de Postgrado de la UTP, cuenta de qué manera se adaptaron a la educación virtual cómo esta será cada vez más común.

L a crisis global desatada por el coronavirus nos obligó a cambiar de paradigmas. Nadie sabe cómo será el mundo que viene. Pero muchos de nosotros tuvimos que solucionar problemas en este presente mientras seguimos aislados y con gran incertidumbre.

Uno de los sectores que ha tenido que adaptarse rápidamente ha sudo el de la educación. Los niños comenzaron a recibir tareas en sus hogares a través de distintas plataformas y necesitan más que nunca de sus padres como aliados para hacer la tarea.

En la educación superior las ofertas a distancia eran tímidas antes del COVID-19. Ahora ya no son más opciones del futuro, son indispensables para que los estudiantes puedan continuar con sus cursadas.

Liliana Alvarado sabe enfrentar esos desafíos. Ingeniera civil y especialista en marketing, es directora de la Escuela de Postgrado de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP).

La institución viene trabajando desde hace casi un lustro con las maestrías presenciales y semipresenciales con buenos resultados. La crisis de la pandemia aceleró todos los procesos y planteó nuevos retos.

Estudió Ingeniería Civil y Marketing. ¿Cómo combinó esos dos mundos que, en apariencia, tienen poco en común?

Comencé a estudiar Ingeniería Civil por una sencilla razón: en mi época, a mediados de los 70, los papás te decían qué tenías que hacer. “Tú sabes te llevas bien con los números, ve a ingeniería”, me dijeron.

En esos tiempos, éramos solo tres mujeres y 150 hombres en la carrera, así que tuvimos que luchar por ocupar un espacio; la mujer no era vista como una igual. Cuando terminé la carrera, recibí la oportunidad de hacer una maestría y ahí opté por el marketing. Me di cuenta de que tenía una gran ventaja: la capacidad analítica que me dio mi paso por ingeniería.

Luego llegó un doctorado y después mi verdadera pasión: entender cómo funciona el cerebro humano. En esos temas estoy trabajando ahora.

Educación digital

Liliana Alvarado.

En la UTP vienen trabajando con ofertas de educación semipresencial. ¿Qué nuevos desafíos trajo la cuarentena y de qué manera lo resolvieron?

Llevamos cuatro años trabajando con maestrías presenciales y semipresenciales, que funcionan muy bien. Apenas vislumbramos lo que se venía, dijimos: “Esto no puede continuar así”.

Empezamos a capacitar a los docentes en las herramientas virtuales, principalmente en Canvas. Usan esa plataforma, que luego integramos a Zoom, para dar clases sincrónicas. Son cuatro horas de clases con el profesor presente; el docente puede caminar en un espacio como lo haría en el aula, coordinar trabajos en equipo y hasta hacer una broma con sus alumnos. Pudimos capacitar a todos los docentes de nuestras maestrías, que son de diversos temas, desde marketing a administración pasando por project management.

¿En esos días vino el uso del hashtag “Yo aprendo en casa”?

Un domingo, el presidente anunció los primeros 15 días de cuarentena y nosotros al día siguiente continuamos con las clases normales en entorno virtual. Ya existía el lema “Quédate en casa” y nosotros nos sumamos a la iniciativa que circulaba de “Yo aprendo en casa”.

Nuestros alumnos no perdieron clases y estuvimos muy pendientes para que nada fallara desde el punto de vista técnico y de la experiencia de conectividad. Fue un gran esfuerzo de los 200 docentes y los más de 2500 alumnos, pero ahora estamos viendo los frutos.

Este tipo de cambios significa romper con viejos paradigmas de la educación. ¿Qué resistencias y críticas frecuentes encontraron en alumnos y docentes?

Fue un gran reto porque significa la rotura de un paradigma. Algunos pensaban que una clase virtual sincrónica iba a ser muy diferente a una tradicional. En nuestra propuesta el profesor está cuatro horas al otro lado de tu pantalla. La única diferencia es que no estamos juntos compartiendo el mismo espacio. Algunos alumnos decían: “Yo aprendo mejor cuando tengo al profesor adelante”. A través de la plataformas, puedes contrapreguntar, discutir y hacer trabajos en equipo. Tiene una ventaja extra que es muy importante: las clases quedan grabadas; puedes verlas la cantidad de veces que necesites. En cuanto a los docentes, los convencimos de que el formato virtual sincrónico no les quita fortaleza.

Quizás son reclamos propios del miedo que muchos tienen al cambio…

El miedo te paraliza y no te permite ver lo que hay detrás tuyo. Te impide abrir tu mente. Debemos aceptar que, hoy en día, la educación virtual es la nueva normalidad.

Usted habla como si no hubiese pérdidas en la transición. ¿Siente que la educación virtual tiene algún contra? ¿Hay cuestiones que deben mejorarse?

Creo que no tiene ningún “divorcio” con el formato que aprendimos históricamente. En las plataformas se intentó replicar todo lo que encontramos en un aula. Cuando lees un libro en formato físico, está en juego el tacto, el olfato, la vista, el oído… Creo que esa es la gran diferencia. Pero, en algún momento, todos nos acostumbramos a dejar de leer en papel para mudarnos a los entornos virtuales.

Este virus nos dio la oportunidad de mirar lo que nos pasa. Y saber que no todo es malo. Hay cosas a las que se le pueden sacar provecho. La educación es una de ellas.

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