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El Delfín: un crucero para recorrer el Amazonas cuando vuelva la normalidad

Una incursión natural desde Iquitos, explorando la reserva Nacional Pacaya Samiria a bordo del crucero El Delfín.

Foto: Cortesía Delfín Amazon Cruises

Una incursión natural desde Iquitos, explorando la reserva Nacional Pacaya Samiria a bordo del crucero El Delfín.

U n departamento de lujo lo puede conseguir en cualquier capital del mundo. En Berlín, Nueva York o Tokio. Pero imagine que ese departamento flote y se desplace por uno de los ríos más caudalosos del planeta.

No se trata de un megacrucero con casino, anfiteatro y piscina para tostarse al sol. El Delfín es una acogedora embarcación de veinte metros de largo que navega por las aguas del río Amazonas penetrando la Reserva Natural Pacaya Samiria, que alberga más de quinientas especies de aves, monos, lagartos, bromelias, orquídeas y victorias regias.

Es la definición de nuevo lujo de hoy. Son solo cuatro espaciosas cabinas de 34 m2, distribuidas en los tres pisos de la embarcación, que cuentan, entre otros caprichos para el viajero, con un living, terraza privada y jacuzzi con hidromasajes de agua fría.

El Delfín

El camino previo

La travesía empieza desde que el avión aterriza en el aeropuerto internacional de la ciudad de Iquitos. A la capital de Loreto solo se llega en avión o luego de un largo viaje, río arriba, que dura más de treinta horas. Cuando desciende por las escaleras, lo recibe un ramalazo de calor húmedo. Como una cachetada. Entonces sabe que llegó a la selva.
Durante el verano, de diciembre a abril, las lluvias tropicales son constantes y las temperaturas pueden alcanzar los 38 grados centígrados durante un día normal. La inmensa llanura amazónica queda sumergida bajo el agua durante esta época del año en más del 70 por ciento de su extensión.

Desde ahí hay que desplazarse por la carretera hacia Nauta, antigua capital del departamento. Luego de dos horas de viaje, se llega al puerto de embarque que, en realidad, es una moderna maloca, una especie de cabaña circular que respeta la estética típica de las viviendas de la selva. Allí aguarda El Delfín.

El Delfín

EL CORAZÓN DE LA SELVA

Algunos turistas llegan a El Delfín pensando en Anaconda, la película dirigida por el peruano Luis Llosa y protagonizada por Jennifer López. Es el referente inmediato: un paisaje repleto de serpientes depredadoras y claro, pirañas (de hecho, una de las actividades durante la travesía incluye la pesca asistida de pirañas).

Amazonas

“Pero la mayoría son norteamericanos”, dice Adonay Rodríguez, uno de los guías del crucero que nació en Texas, un pueblo de la Amazonía situado dos horas río arriba desde el puerto de Belén en Iquitos. Tiene 54 años, hace más de treinta es guía y trabaja en este crucero desde el primer viaje, en enero de 2006. Ahora habla inglés y francés, sabe algunas palabras de italiano y canta boleros en español.

Adonay (que significa “Mi Señor” en hebreo), dirige la excursión donde ocho viajeros sostienen cámaras con teleobjetivos como si fueran rifles. Esperan al delfín rosado. Capturar una instantánea del esquivo mamífero paga todo el viaje.

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UNA RECOMPENSA EN EL RÍO

Adonay Rodríguez recuerda la primera vez que vio un delfín rosado. Tenía siete años y pescaba junto a su padre en una pequeña embarcación a remo por el río Tahuayo. En ese entonces, los delfines eran un poco más agresivos y vivían en estado silvestre. Podían atacar a las personas y las canoas (llamadas pequepeques) donde se desplazaban los pescadores. «No había tantos cruceros como ahora», recuerda Adonay. «Los delfines pasaban por debajo de la canoa y querían tumbarla. A veces pasaban por encima, saltando».

En ese entonces ya era un animal de características mitológicas: podían llegar a medir tres metros y pesar doscientos kilos. Su coloración sigue siendo un misterio. Como si fuera un afiche de la película FLIPPER. El secreto de sus abuelos para alejarlos era untar ají en el remo. Eso les hacía arder los ojos.

A diferencia del gris, la espina dorsal del delfín rosado no está unida a la cabeza. Por eso tienen un movimiento más libre que les permite recorrer el bosque cuando se inunda con las lluvias. Los grises son los que saltan en el Mundo Marino de Orlando. Los rosados no participan de ese espectáculo.

Según las creencias, probar su carne puede volverlo loco. Otras habladurías dicen que, en realidad, es una semidivinidad encarnada que tiene poderes sobrenaturales (por ejemplo, tomar la apariencia de un hombre robusto, rubio y con sombrero), que hipnotiza adolescentes y las atrae hacia el río hasta que se ahogan. Lo cierto es que los cuentos y mitos alrededor esconden otra verdad: los delfines se salvan, se cuidan y se protegen. Nadie se atreve a tocarlos. «A veces mueren porque se atascan en las redes de los pescadores. Pero nadie los come. Nunca», aclara Adonay.

EL CRUCERO

Alberto Fuguet es cineasta, autor de la novela Tinta Roja y ha viajado en El Delfín. Su testimonio apareció publicado en una guía de viajes de la revista chilena Qué Pasa. “Es un verdadero hotel de lujo, donde este se entiende como un tipo de comodidad que no ostenta ni marea. Donde menos es claramente más. Las cabinas no tienen televisor porque los ventanales que dan directo a la selva son el mejor plasma inventado”.

Crucero

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Es cierto, las ventanas de las suites van desde el piso hasta el techo. En la habitación, el jabón y el shampoo son orgánicos, un aroma a canela inunda el espacio, las sábanas de 280 hilos de algodón Pima se convierten en una caricia, y las toallas son figuras de origami de animales y flores de la región.

Los muebles son de capirona y las paredes de marupá, dos cotizadas y finas maderas de la región. La terraza tiene poltronas para contemplar la fastuosidad del río recostado o en una piscina temperada, a un lado, que invita a sumergirse.

Durante el itinerario, El Delfín se detiene en un sector del río Marañón, uno de los afluentes más importantes del Amazonas, donde se ubica la laguna Yanayacu. Se le conoce como laguna de los espejos negros. En sus aguas oscuras, debido al tanino que desprenden algunas plantas acuáticas, se reflejan el cielo y las nubes. Contra lo que se pueda pensar, la laguna es limpia y uno puede zambullirse y nadar con libertad.

LA MURALLA VERDE

Carlos Fermín Fitzcarrald López, el más grande cauchero peruano de fines del siglo XIX, fracasó en su intento de unir las cuencas de dos ríos a través de un ferrocarril. Se topó con una gran muralla verde: la imponencia de la Amazonía. No había quien la domara. Su historia cautivó a Werner Herzog, que filmó Fitzcarraldo (1982) en Iquitos. El director alemán llevó un diario de grabación que tituló La Conquista de lo Inútil. Quiso retratar la impotencia humana.

Amazonas

Muchos años después, la pareja de esposos Aldo Macchiavello y Lissy Urteaga, empezaron otra alocada empresa: El Delfín. Era 2006.

“Hace seis años no conocíamos la selva”, dice ahora Urteaga. “Cuando vinimos por primera vez, junto con Aldo, a un lodge cerca al río Yarapa, me enamoré. Vendimos todo y empezamos con esto, compramos un barquito de quince años para remodelarlo”. Ese barquito es El Delfín. “El sueño se empezó a hacer realidad cuando nos sentimos afortunados de llegar a estos destinos. Ese es el verdadero lujo. Rescatar la elegancia de las cosas más naturales”.

Hoy, El Delfín Amazon Cruises cuenta con tres embarcaciones especialmente acondicionadas para el viaje a través de la reserva natural Pacaya Samiria. Una de ellas tiene capacidad para llevar a una treintena de pasajeros.

La idea del crucero es conocer, de cerca, la Amazonía sin tener que sacrificar comodidad. Hay una certeza: saber que luego de una caminata, fotografiando guacamayos e iguanas, recorriendo un puente colgante entre las copas de las palmeras, bajo el sol inclemente de la selva o bajo una lluvia diluviana, sintiéndose un Indiana Jones con binoculares, repelente y botas altas, puede regresar al barco, donde lo reciben después de cada excursión con unas toallitas verdes humedecidas en agua de piña y canela y con un jugo de alguna fruta exótica de la alacena. En esos detalles, reside el nuevo lujo: experiencias únicas en medio de una puesta en escena natural. Vivir mimado. De eso se trata este viaje.

Marzo
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