Cuatro datos para saber si usted tiene FOMO

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¿Recuerda aquella vez cuando sus amigos hicieron una fiesta y nadie le avisó? ¿Sintió abandono, que sin merecerlo lo habían “dejado afuera”? Esa sensación se llama FOMO y es cada vez más generalizada.

El artículo ¿Tiene miedo a perderse el plan con sus amigos? De esto se trata el FOMO fue publicado originalmente en Revista Diners Ed. 527 de febrero de 2014.

Algo está sucediendo en otro lugar y usted se lo está perdiendo. Algo, por supuesto, mucho mejor de lo que sucede aquí y ahora en su vida, sin importar donde se encuentre. Tiene esa certeza. Pero al mismo tiempo lo siente como una incertidumbre.

Para asegurarse, refresca con insistencia la pantalla de su computador, revisa interacciones en Twitter, Facebook e Instagram, así como el inbox de sus tres cuentas de correo y sus ventanas de chat en Whatsapp.

Descubre que nada nuevo ha sucedido en los últimos diez minutos y una ligera sensación de alivio se instala detrás de su esternón. Pero es pasajera, porque instantes después, acompañada de una contracción del plexo solar, surge de nuevo la pregunta: ¿soy el único que se pierde de todo lo interesante y divertido? Y la rutina de monitoreo de redes y dispositivos comienza de nuevo.

FOMO, un miedo que nace en la tecnología

A este comportamiento se le conoce como FOMO (Fear of Missing Out, por su sigla en inglés) o MANP (miedo a no pertenecer, en español) y hace parte de una serie de cambios colectivos en la conducta, asociados a la tecnología, que han comenzado a ser estudiados con preocupación.

La psiquiatra Carolina Borja asegura que el fenómeno aún no tiene las dimensiones para ser calificado como un problema de salud pública, y de ninguna manera nos encontramos ante un síndrome o una patología mental en propiedad, pero advierte que en algunos individuos puede llegar a considerarse un síntoma de un trastorno importante.

Preocupante, pero tiene solución

 

El caso, sin embargo, inquieta. Un informe de  la  compañía de comunicaciones y mercadotecnia JWT, realizado con individuos de ambos sexos mayores de 18 años (los llamados Millenials, Generación X y Baby boomers) en Estados Unidos, Inglaterra y Perú, arroja luz sobre este fenómeno que emula aquella sensación de soledad que, en el mundo real, produce sentirse excluido socialmente.

 

De acuerdo con las conclusiones, el 54 % de las mujeres y el 48 % de los hombres en el país reconocen una cierta sensación de ansiedad asociada a su relación con la Internet, aunque solamente el 25 % y el 18 % admiten haber experimentado real FOMO. Y la sensación es aún mayor entre los jóvenes de 18 a 26 años.

Pero decir que la Internet o los smartphones tienen la culpa es ser ligeros. Como siempre, se trata del uso que les damos a las cosas: teléfonos, redes sociales y aplicaciones solo son herramientas.

¿Aún anda con un equipo obsoleto?

 

El panorama puede tornarse preocupante si observamos que el fenómeno no se restringe solo a la frivolidad de las redes sociales y a la personalidad virtual, sino que se expande hacia otras esferas. La incapacidad para mantenerse al día con la información, por ejemplo.

Su flujo nos avasalla. Como lo hacen también las innumerables versiones de software. Mientras lee esto es probable que lancen una nueva actualización de su sistema operativo, y al terminar la lectura habrá surgido en usted el temor de estar operando en un equipo desactualizado. Un temor ligero, pero constante y molesto.

Según Adriana Pineda, vicepresidente de Planeación Estratégica de JWT, el FOMO no es nuevo. Los primeros casos datan de 1996 y fueron identificados por el doctor Dan Herman, quien comenzó a observar este tipo de ansiedad en los consumidores. Sin embargo, acepta que la Internet y las redes sociales han amplificado el fenómeno.

“Es algo que empieza a generarse en la medida en que la humanidad tiene más opciones para elegir. Cuando la gente no tenía tantas opciones, no sufría por estar perdiéndose algo”. Pero al mismo tiempo, ella también representa a una corriente de personas que observan el fenómeno desde una óptica distinta y tienen la convicción de que puede ser aprovechado de manera positiva por el mercadeo:

“Ese miedo a no pertenecer te puede hacer soñar con mejorar tu vida, tener metas más altas, hacer que conozcas mundos que no sabías que existían, y que trabajes para conseguirlo”. Y de nuevo, advierte, culpar a algún actor del fenómeno es imposible e intentar satanizar aparatos electrónicos no tiene ningún sentido.

Ansiedad para el futuro

 

De acuerdo, pero hay que andar despacio. Casos de esta metamórfica faceta de la ansiedad y la obsesión se manifiestan, también, en el comercio en línea: los consumidores sienten miedo real de tomar una decisión y que esta no sea la correcta.

Seguramente usted lo ha experimentado: tras una compra en la Internet le queda la duda de si, en alguna esquina oculta de la World Wide Web, había una tienda en línea que vendía su artículo a mitad de precio. Esto, eventualmente, trae la parálisis:

“El vano intento de agotar todas las opciones disponibles nos puede llevar a realizar ninguna acción en absoluto”, anota el propio doctor Dan Herman, uno de los expertos que asesoraron el estudio.

Tal vez los síntomas asociados a FOMO escalen entre la población hasta convertirse en un patrón de comportamiento masivo, o simplemente se diluyan y desaparezcan. Lo cierto del caso es que cuando los individuos llegan a ser conscientes de ello, tienden a autorregularse y a cambiar sus hábitos.

 

En general, cuando las tendencias son muy fuertes producen una contratendencia igual o más potente, que las aniquila. De ese modo, han comenzado a surgir espacios que desestimulan el uso de WiFi y celulares. Y como quiera que sea, hay que estar tranquilos: con lo ancho que es el mundo, y el vasto flujo de información que lo recorre, técnicamente resulta imposible no estar perdiéndose algo.

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