Limaná: el nuevo restaurante saludable para visitar en Lima

Limaná

El 2 de marzo abrirá Limaná, un nuevo restaurante con una propuesta saludable en Lima.

Hay varias maneras de definir a un restaurante saludable. Incluso existen factores que van más allá de las etiquetas de si es vegano, crudivegano, holístico o vegetariano. Que no endulzan con panela ni Stevia. Que no usan plástico; pero sí, iluminación natural. Que tienen una planta de ósmosis inversa para tratar el agua. Que cuentan con una cocina de inducción para emplear energía limpia y que revisten las paredes con bambú. Que rescatan mesas para darles una segunda vida como mobiliario orgánico. Limaná es todo eso. Solo le falta paneles solares acondicionados en el techo.

“Sí lo habíamos pensado, pero será para más adelante”, dice Anita Belaúnde, la economista que vendió sus acciones de un tren turístico en Cusco para abrir su propio restaurante en Lima. Para entender esa decisión debemos primero contar acerca de su afición por los animales.

Limaná

El restaurante abrirá sus puertas el 2 de marzo de 2020.

¿De dónde nace esa fascinación?

Anita Belaúnde trata de recordar, pero no es una fecha en el calendario. De niña vivía con su familia en un departamento y no tenían mascotas. Pero cada fin de semana, cuando visitaban a su abuela, era una excusa para jugar con su perro. Se llamaba Lulú, una cocker spaniel.

Después de mucho insistir, sus padres le compraron un Lebrel afgano. Incluso vendió sus patines y su bicicleta para colaborar con el dinero. Le puso de nombre Cindy. “No me imagino mi vida sin perros”, dice Anita, quien puede recitar de memoria los nombres de sus anteriores mascotas. Calita, Nacho, Sam. Hoy vive con cuatro en su casa.

Su pasión por los animales luego se extendió a los caballos y ahora uno de sus pasatiempos preferidos es la equitación. Todo empezó con un caballo que rescató cuando, luego de una lesión, lo iban a sacrificar. Ese animal había sido su compañero durante innumerables jornadas. No podía dejarlo morir así. Así que lo adoptó y se lo llevó a un terreno que tenía en Chaclacayo. Lo acondicionó, plantó algunos árboles, lo decoró con más flores y pronto se convertiría en un refugio para esos equinos que eran descartados para competencias oficiales.

Anita tampoco recuerda cuándo pasó, pero en una cena conoció a un viajero que había recorrido en bicicleta casi toda la costa peruana. Fue él quien en algún momento de la noche le preguntó: “¿Si te gustan tanto los animales, por qué te los comes?” Esa noche, como en aquellos raptos de lucidez, decidió que intentaría ser vegetariana.

Pasó hace veinticinco años.

ALIMENTO DE LOS DIOSES

En el año 2017, Anita Belaúnde decidió dejar Inca Rail, la operadora de trenes que hace la ruta de Cusco a Machu Picchu. Vendió sus acciones. Durante un año sabático se dedicó a planear su próximo proyecto. Quería contribuir con algo que, además, le guste.

Combinó tres de sus pasiones: la nutrición, la cocina y la ecología, además, “si puedo ayudar a que se maten menos animales y se consuman menos recursos en el planeta, sería genial”, se dijo entonces. “Estaba clarísimo que debía ser un restaurante, pero uno distinto”.

Luego de dos años el resultado fue Limaná. Lima, por la capital gastronómica de Latinoamérica. “Y si íbamos a ofrecer platos vegetarianos, debían ser comida de los dioses”. Así llegó al maná, esa palabra hebrea para designar el alimento divino.

Limaná

LA MUJER QUE AMA LOS ANIMALES

Anita Belaúnde cree en la reencarnación. Hace yoga. Medita. Practicó regresiones. Llevó cursos del psiquiatra Brian Weiss y no ha tomado ayahuasca. Pero hay algo que cuenta con real emoción: las clases de comunicación animal que llevó a distancia con la mundialmente conocida Danielle Mackinnon. Esta autora norteamericana cree fervientemente que los animales aún conservan un sistema de telepatía para comunicarse, similar al que los bebés empiezan a desarrollar antes de involucrarse con el lenguaje y articular palabras.

Anita Belaúnde también lo cree. Antes había llevado a una de sus mascotas con una especialista en comunicación animal en Lima. “Para llegar a comunicarte con un animal, primero debes estar en paz”, cuenta.

“Nuestra energía emana del corazón y dicen que es el del tamaño del puño. El radio de la energía que emanamos apenas tiene el diámetro de nuestros brazos extendidos. Pero el corazón del caballo es seis veces más grande y su radio se extiende hasta cien metros. Desde que te ve, el animal puede leer a las personas que se acercan para saber si vienen con buenas o malas intenciones”. Sí, Limaná es pet friendly también.

TODAS LAS TRIBUS, TODAS

Habían recorrido la oferta saludable en Lima. Por un lado, estaban los locales con mucho marketing, que procuraban un fast food healthy. Por otro, los locales con menos marketing, mayor coherencia en lo que predicaban, pero recubiertos de una atmósfera, digamos, hippie. Y algunas pocas excepciones que sí trabajaban el evangelio vegetariano con solvencia en la cocina.

saludable

Lo que supo desde el inicio es que no iba diseñar un espacio vegetariano radical (hay un par de preparaciones con pescados en la carta). “No quería que solo vinieran vegetarianos. En realidad, quiero que la gente aprenda a comer mucho mejor, sin tener que sacrificar el placer de un plato rico”, dice Anita en una de las mesas de Limaná.

Entonces convocó a un equipo de consultores, donde estaba Armando Andrade, quien aportó en la curación de arte de cada uno de los espacios decorados con las obras geométricas de la artista Mariella Agois. Para la cocina la ayudó el chef español Alberto Fortes, quien perfeccionó los platos de la carta, los mismos que Anita preparaba en casa.

Tienen opciones veganas, crudiveganas, paleo y hasta compatibles con una dieta keto (bajar al mínimo los carbohidratos y cero azúcares, ni siquiera frutas). La idea era captar a todas las tribus de la alimentación. Un carpaccio de zucchini es Keto, pero un carpaccio de tomate es paleo. Aunque, ¿ambos son vegetarianos?

 

Ver esta publicación en Instagram

 

#LIMANÁ #vegetariano #superfoods

Una publicación compartida por LIMANÁ (@limana_restaurante) el

La arquitectura también fluyó de manera orgánica. El estudio Barclay&Crousse trabajó en un diseño inteligente, con techos altos y amplias teatinas para aprovechar las horas de luz natural y el viento para la iluminación y ventilación, respectivamente. Es decir, no gastan electricidad.

Los espacios del restaurante, incluyendo la cafetería, la terraza, los salones y el bar, respiran en medio de zonas al aire libre, donde las flores, plantas y hasta el pequeño huerto conviven en armonía.

En Limaná, como imaginará, no venden gaseosas, el café se endulza con miel cruda de abeja y en los postres, usan dátiles. Tampoco usan botellas de plástico y todos los empaques para llevar son de fibra vegetal, aunque cuesten considerablemente más.

Le pregunto a Anita si es una decisión que una economista tomaría para su primer restaurante en Lima. Entonces responde: “Si piensas en el corto plazo, seguramente no. Pero yo pienso en el largo plazo”.

Artículos Relacionados

  • ¿Tiene usted alma de músico? Descúbralo con estos quizzes
  • Galería: Las mejores fotografías acuáticas de 2020
  • Una galería para conocer a los finalistas del World Press Photo 2020
  • Vea las 17 fotos finalistas del Sony World Photography Awards 2020