Mozh Mozh de Mozhdeh Matin: la identidad como fibra

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Mozhdeh Matin es un referente de la moda sostenible peruana. Esta temporada, sus tejidos incorporan referencias al artista Jorge Eduardo Eielson y al cineasta Fritz Lang.

Hace cuatro años, cuando Mozhdeh Matin empezó a recortar telares para usarlos como base de sus prendas, algunos diseñadores y empresarios textiles miraban su trabajo desconcertados. Les parecía imposible que aquellos tejidos, utilizados tradicionalmente como chales o ruanas, se transformaran en prendas contemporáneas. Pero Matin insistía. La suya —confiaba— no era una propuesta improvisada: durante los últimos años había visitado comunidades de tejedoras y artesanos de Cusco, Arequipa, Huancavelica y Cajamarca, para aprender sobre sus técnicas de tejido. Y tenía, además, experiencia en colecciones experimentales de moda.

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La diseñadora Mozhdeh Matin. Foto: Jorge Anaya.


“Quería salir de ese patrón que, como peruanos, siempre nos relacionaba con los tejidos de alpaca; y mostrar que podíamos innovar con telas y en la forma de hacer ropa”, recuerda una mañana de setiembre, en su taller de Chorrillos.

Así, después de hacer una pasantía con la artista textil Liz Collins, en Nueva York, la diseñadora peruana lanzó Mozh Mozh. Era 2015 y es cierto: el algodón y las prendas confeccionadas de manera artesanal aún estaban reñidas a la idea de la moda de lujo en el país. Pero, nueve meses después de presentar su desfile en el LIFWeek de Lima, las piezas de Matin fueron seleccionadas para exhibirse en el Designers & Agents, un evento para boutiques de moda en Nueva York. Y ella —un futuro referente de la moda sostenible peruana— empezaba a soñar con la posibilidad de una vitrina en la escena internacional que, antes, parecía inalcanzable.

El nudo creativo

En 1927 el austrohúngaro Fritz Lang estrenó “Metrópolis”, una película con claroscuros y ritmos opresivos; que se convertiría en una pieza de culto del cine expresionista alemán.

Treinta y siete años después, Jorge Eduardo Eielson presentaba sus primeros “Nudos” —elemento de los quipus andinos, que el poeta y artista plástico peruano reinterpretaría durante décadas en cuadros y esculturas de tela—, en la Bienal de Venecia. Esas son las dos influencias de la colección SS20 de Mozhdeh Matin: una serie de 70 piezas, con prendas, bolsos y accesorios que fusionan tejidos, nudos en crochet y mostacillas.


“Cuando empecé a esbozar la colección me di cuenta de que estábamos por entrar en los nuevos años 20, y me acordé de esta película tan vanguardista para la época. Entonces, quise darle ese feeling a las prendas”, cuenta.

La otra referencia responde a un interés personal: la exploración artística que Matin ha realizado, en paralelo, durante los últimos años. Y evidencia, también, un proceso creativo marcado por una relación conflictiva con la moda, que la ha impulsado a experimentar con distintos materiales y técnicas de confección. Tal como ocurrió en “Introducing Shiringa”, la colección FW donde incorporó telas confeccionadas con shiringa —una suerte de látex vegetal— y, ahora, con la inclusión de soguillas y cintas voluminosas en sus tejidos de algodón.

“La moda puede ser una industria abrumadora —dice la diseñadora que, antes de crear Mozh Mozh, estudió Artes Plásticas en la Escuela Puerta Abierta de la Universidad Nur, en Bolivia—. Por eso, necesito generarme un espacio para hacer cosas nuevas”.

La identidad como premisa

Matin nunca fantaseó con la idea de crear una marca de indumentaria sostenible. Pero su relación crítica con la moda empezó en un lugar y momento más o menos preciso: un salón de clases y alguno de los días que pasó en Cieneguilla, entre fines de los años noventa y el inicio del nuevo milenio.

La duda cronológica es inevitable, pero Lima y las ciudades aledañas empezaban a experimentar la llegada de los retail. Matin estaba entrando en la adolescencia. Por eso, quizás, hay un detalle que recuerda con nitidez. Ese día estrenaba una chompa morada. Estaba contenta, incluso. Pero el entusiasmo se esfumó en cuanto vio a una de sus compañeras de colegio con un abrigo idéntico. Y aquello —que hoy podría resultar una coincidencia incómoda— significó un quiebre en su relación con la moda.

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De la colección A/W 2018


“Ahí me di cuenta de que la ropa era una herramienta que puede representar tu identidad, que de alguna manera refleja quién eres y te diferencia. Entonces, empecé a prestarle atención a los colores y las formas que usaba: qué me hacía sentir bien y qué no”, recuerda.

El arte y los textiles no habían sido ajenos en la vida de los Matin. Los padres de la futura diseñadora —una pareja iraní que se estableció en Cajamarca a inicios de los años 80, como pioneros de la fe Bahá’í— siempre habían mandado a confeccionar su ropa con telas que les mandaba un familiar desde la India.

Ella misma creció viendo a su padre diseñar vitrales. Y su madre, incluso, llegó a tener una tienda de ropa en Lima. Pero cuando decidió estudiar Diseño de Modas, lo hizo con una premisa que ha mantenido durante más de una década: trabajaría de manera íntegra.

Cambio de eje

Antes de lanzar Mozh Mozh, Matin ya era una de las diseñadoras más inquietas en la escena peruana: presentaba desfiles en Perú Moda, organizaba eventos independientes y diseñaba colecciones experimentales para otras marcas. Pero, en los últimos años, los desfiles han empezado a ser una excepción para la modista.

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De la colección A/W 2015


“En la industria existe un sistema claro. Pero hay patrones que están empezando a cambiar —asegura—. Y muchas marcas estamos buscando otras maneras de visibilizar nuestro trabajo”.

Así, durante las últimas temporadas, las presentaciones de Mozh Mozh se han centrado en el Market Week de Nueva York y el de París, dos encuentros de moda que le han permitido tener presencia en boutiques de Japón, Italia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos y México, además de la tienda de un museo en Lima. Y la han posicionado, en paralelo, en la escena del slow fashion: su participación en The Next Green Talents, un evento de moda sostenible organizado por Vogue Italia, y una exposición dedicada al Perú en el Fashion and Textile Museum de Londres —donde se presentó junto a las diseñadoras locales Meche Correa y Chiara Macchiavello—predicen un camino acertado.

Pero ella se reafirma: la experimentación y el trabajo con artesanos son lo que sostiene todo lo demás.

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