“No me hace sentir menos que mi arte venga de la calle”, Jade Rivera

El artista, originario de Junín, ha transformado con sus pinturas cientos de murales de Perú y el mundo. Su obra revaloriza el estilo urbano.

A Jade Rivera se le puede encontrar donde sea. En la avenida Larco de Lima. En el interior de un café gourmet. En lo más perdido de un barrio de Huancayo. En Costa Rica, México y hasta en Emiratos Árabes. En cualquier lugar donde ha llegado su obra, este artista peruano (Junín, 1983) ha dejado una parte de sí. No solo su firma. También su visión de la vida, su conexión con la naturaleza, su interés por la niñez y su curiosidad por explorar siempre nuevas técnicas.

 

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Buscando la verdad* this oil was my first sold piece before to finish it 🙏 thanks to all my collectors around the world. Oil on canvas 100x160cm.

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Su interés por el dibujo y la pintura la manifestó desde que era un niño. A los 14 años comenzó a dedicarse al grafiti. Intentó ir a la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero desistió. Terminó aprendiendo su técnica en la calle. Su búsqueda lo llevó a conocer el trabajo de los muralistas mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Ahí encontró otra manera de llevar un mensaje. Y, hasta el sol de hoy, las paredes se han convertido en el principal soporte de su obra. Su estilo desafía lo efímero.

Diners conversó con este artista sobre su carrera, sus intereses y sobre cómo ha cambiado la forma en la que lleva su arte a las calles del mundo desde hace más de 15 años.

¿Cómo fue ese camino de autodidacta hasta hallar su propio estilo?

El grafiti es un trabajo en la calle que tienes que aprender por tu cuenta, porque no hay escuelas. Desde ahí me acostumbré a esa dinámica de investigar, de buscar a personas, de intercambiar ideas con amigos que hacían lo mismo. En ello, internet también ayuda mucho. Yo sigo tutoriales de Youtube para aprender a pintar en acuarela, por ejemplo. Ahora estoy aprendiendo a tallar en madera. Es un aprendizaje que tiene que ver con el interés que manifiestas por las cosas y la necesidad de crear.

Y eso requiere mucha disciplina…

No es un tema de disciplina. El arte consume el 80 % de mi cerebro. Es un trabajo que nunca se detiene. Lo bueno es que no lo veo como un sacrificio, porque disfruto mucho crear, pintar, pensar en arte. Disfruto tanto de lo que hago que nunca lo voy a dejar de hacer, porque es una necesidad. Es algo natural en mí.

¿Qué le hizo dejar el grafiti?

Me aburre mucho cuando domino algo y me quedo ahí. Sucedió con el grafiti. Logré dominarlo de cierta manera y mi búsqueda empezó a ser otra. Pintar algo que comunicara algo más que mi nombre. Cuando comencé a hacer murales que comunicaban otras cosas, que interactuaban con la gente de otra manera, me di cuenta que ese era un camino nuevo. Viajé mucho también y descubrí un mundo más amplio que el grafiti.

 

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Descubrimiento* close up of my recently mural for @despierta.project in #huancayo #pucara

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¿En qué momento entendió que podía vivir de su arte?

No hace mucho, en realidad. Hace unos 10 años todo era muy difícil, no me alcanzaba para pagar las cuentas. Así que tuve que trabajar en una oficina haciendo llamadas telefónicas. Fue el peor año de mi vida. No soportaba ese ritmo de vida. Entonces, decidí dedicarme a lo que me gusta. Desde hace 5 años mi trabajo ha tenido más aceptación, han ido comprando más mi obra. Puedo decir que me está yendo bien. Eso es mucho decir en Perú, donde es muy complicado vivir del arte. Yo solo me dedico a pintar y eso es una bendición para mí.

¿Cree que calificar su obra como arte urbano o callejero le resta importancia?

Los curadores, los coleccionistas tienen esa división. Pero el arte urbano está entrando cada vez más en galerías. Tampoco me molesta, porque no puedo negar que yo vengo de la calle. No me hace sentir menos. La gente lo reconoce más. Estuve en ArtLima hace poco con mi trabajo y casi 90 % de mis obras se vendieron. Los artistas contemporáneos no vendieron mucho. Si eres un buen pintor, no importa de dónde vengas. La obra se defienda sola.

El arte integrado a la ciudad

Jade Rivera le presta mucha atención a lo que la calle le dice antes de intervenir un mural. Investiga. Observa. Escucha. Conoce quiénes son los habitantes, cuáles son sus costumbres, de qué viven. De manera que su obra se mimetice con la ciudad y no quede como algo aislado, ajeno.

¿Qué toma en cuenta al momento de seleccionar un mural?

A veces todo el entorno me dice qué es lo que tengo que pintar. Yo no solo veo el mural, sino las casas del lado, las personas que viven, el paisaje, que no sea una calle estrecha. Tomo la decisión de pintar cuando veo que tiene una visión bastante amplia, que se integre con lo que está alrededor, tengo un gusto especial por las cosas destruidas. Tiene que tener un alto tránsito. Un mural alto o cuadrado.

 

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Horizonte* mural for #BIAM2019 thanks to @collectif_renart and @lille3000 for this invitation. Lille, France.

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¿Y qué determina la temática?

Trato de jugar con el espacio, que lo que pinte vaya acorde con lo que la gente está interesada en ver. No pinto nada político, agresivo ni sexual. Yo trato de que la gente se sienta conforme con lo que está viendo, no me gusta imponer mis ideas. Cuando quiero hacer un comentario muy personal, pinto en un lienzo. La calle es un espacio más democrático.

 

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Recuerdo cuando me preguntaron, ¿que significa el ave sobre el hombre? y respondí: el ave representa todo lo que sueñas y anhelas en la vida.

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¿Prioriza algún contenido social?

Me gusta hablar de la falta de educación y de cultura en general que hay en mi país. Los niños que pinto vienen del pueblo, son niños con carencias como yo. Siempre los trato de pintar con un libro al costado o que el libro interactúan con otras cosas.

¿Se ve pintando murales por más tiempo?

Hasta que el cuerpo me dé. Cada vez me cuesta más. Cuando tenía 20 años, pintaba cuatro muros por mes. Ahora con 36 años, pinto uno por mes. Después va a bajar a dos muros por año. También tengo más límites. Antes podía pintar edificios de 10 y 12 pisos. Ahora no acepto más de 8 pisos. Poco a poco, lo de pintar en la calle irá bajando.

¿Hacia dónde cree que va a evolucionar su obra?

Mi trabajo en la calle va a ir reduciéndose. Pero va a ser de más calidad. Estoy explorando la talla en madera. También he vuelto al dibujo. Algo que me llamaba mucho la atención de niño. Ya ves, a veces, toca regresar al principio.


Quiero abrir mi propio museo. De pronto, una casona en Barranco y llenarla de mis pinturas, mis esculturas, mis instalaciones y que la gente pueda conocer mi trabajo a profundidad.

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