“A Vargas Llosa le encantó la idea de convertir Pantaleón en un musical”, Juan Carlos Fisher

Diners conversó con Juan Carlos Fisher, el director de Pantaleón y las visitadoras: el musical, una de las obras más esperadas del año que se encuentra en temporada en el Teatro Peruano Japonés.

“Hemos consultado médicos, sociólogos, sexólogos y luego de toda la palabrería que han escrito hemos llegado a una sola verdad: cualquier soldado que llega a la selva se convierte en un pinga loca”, sentencia el general Scavino. Sofocándose en un diminuto despacho de Iquitos, observa al militar que permanece de pie delante suyo y prosigue con más desinterés que suspicacia: “Se le confía al capitán del Ejército Peruano Pantaleón Pantoja la misión de organizar, implementar y gerenciar un Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines con el fin de atender las necesidades naturales etc., etc.”.

La cámara enfoca al capitán Pantoja, un hombre casado y de moral intachable que no termina de entender qué quiere decir eso de visitadoras hasta que el general se ve obligado a responder sin eufemismos: “¡Putas!”.

En la película que Francisco Lombardi dirigió hace veinte años con Salvador del Solar y Angie Cepeda en los papeles principales, aquella escena es clave: al aceptar la naturaleza de su misión, el protagonista se ve obligado a enfrentar la naturaleza de su propia humanidad.

El conflicto entre las verdades del cuerpo y la razón hace que “Pantaleón y las visitadoras”, una historia que Mario Vargas Llosa escribió entre 1973 y 1974, sea mucho más que una novela divertida o una crítica social a nuestro país. Era todo lo que Juan Carlos Fisher estaba buscando hace seis años, cuando se propuso dirigir su primer musical basado en un libro o en una película peruana. Era, también, el proyecto más ambicioso de su carrera.


Las visitadoras, interpretadas por Mafen Carrión, Alphie Pagano, Marinés Acosta, Cielo Torres, Millet Figueroa, Melissa Paredes, Ana Paula Delgado y Katherine Jiménez. Foto: Giuseppe Falla para Los Productores.


La adaptación

La novela se reeditó en 1999, el mismo año en el que se estrenó la adaptación cinematográfica de Lombardi. En el prólogo, Vargas Llosa explica que se inspiró en un hecho real “magnificado y distorsionado hasta convertirse en una farsa truculenta. Por increíble que parezca, pervertido como yo estaba por la teoría del compromiso en su versión sartreana, intenté al principio contar esta historia en serio. Descubrí́ que era imposible, que ella exigía la burla y la carcajada. Fue una experiencia liberadora, que me reveló —¡solo entonces!— las posibilidades del juego y el humor en la literatura”.

Como el género musical está hecho de posibilidades, Fisher quiso rescatar el humor que no tiene la película de Lombardi, más concentrada en la relación entre Pantaleón y La Brasileña (o La Colombiana, en la versión de Angie Cepeda).

Su primera dificultad fue cómo transmitirlo en el escenario, pues el libro juega con varios géneros escritos: los reportes oficiales del capitán Pantoja, la transcripción de los programas radiales de “El Sinchi”, unos disparatados informes confidenciales, cartas familiares, correspondencia de chismes, editoriales de periódicos y hasta unos diálogos que entrelazan varias historias al mismo tiempo.


Gustavo Bueno (general Scavino), Emanuel Soriano (Pantaleón) y Paul Vega (general López López) estarán en escena hasta el mes de septiembre en el Teatro Peruano Japonés. Foto: Giuseppe Falla para Los Productores.


Para llevar a cabo esta misión convocó a David Serrano, el guionista español responsable de títulos como “Hoy no me puedo levantar” (el exitoso musical de Mecano) y la adaptación de “Billy Elliot” en su país, una obra que Fisher se encargó de montar en el Perú en el 2018. Además, el escritor es fanático de Vargas Llosa y comparte el mismo criterio escénico del director, quien cuenta que este aceptó de inmediato y que empezaron a trabajar juntos bajo tres pautas básicas: “el foco estaría en la historia de Pantaleón, esta se contaría en la misma época en la que transcurre la novela (1956) y las canciones tenían que nacer en el momento preciso”.

“Buscamos el sonido de la selva peruana, pero necesitábamos una estructura con mayor progresión musical que la de la cumbia porque cada tema debía contar una historia”, añade Fisher. Completó el equipo con los compositores españoles Joan Miquel Pérez y Alejandro Serrano, además del argentino Gaby Goldman y el arreglista peruano Julio Hernández, quien también es el director vocal y de orquesta.

El casting

Juan Carlos recuerda que Vargas Llosa ya sabía del proyecto cuando fue a ver “Otras ciudades del desierto”, la obra que dirigió en el 2015 en el Teatro La Plaza. Una de las protagonistas fue Martha Figueroa, quien había encarnado a Pochita (la esposa de Pantaleón) en la primera y catastrófica versión fílmica de 1975, así que el escritor tuvo un emotivo reencuentro con ella después de la función. “Le encantó la idea de convertir Pantaleón en un musical”.

El escritor le dejó total libertad para adaptar el texto y eso también fue una responsabilidad para Los Productores, la compañía detrás del montaje, y las setenta personas que hicieron posible esta obra.

Se trata de un equipo que incluye una orquesta en vivo y 24 artistas en escena capaces de actuar, bailar y cantar, así que el casting fue un proceso que trajo varias sorpresas. Para algunos, la más grande fue la elección de Milett Figueroa como La Brasileña, pues se trata de una actriz que no forma parte del circuito oficial del teatro limeño sino del imaginario del reality show. Hasta ahora.


Stephanie Orúe (Pochita), Emanuel Soriano (Pantaleón) y Millet Figueroa (La Brasileña) protagonizan una historia adaptada por el destacado dramaturgo y guionista español David Serrano. Foto: Giuseppe Falla para Los Productores.


“Milett hizo un casting fantástico. Tiene una gran presencia escénica, es intuitiva y canta hermoso”, confiesa el director. Ella comparte el protagonismo con Emanuel Soriano, un actor con el que Fisher siempre había querido trabajar y que esta vez encarna al capitán Pantaleón Pantoja. Rómulo Assereto es su “compañero de torpezas” y Stephanie Orúe se pone en la piel de su esposa. Además, el elenco tiene a Yvonne Frayssinet como la Chuchupe y a Gustavo Bueno, que interpreta al general Scavino y que en la película de Lombardi fue el general López López, un rol que le ha tocado a Paul Martin.

La calentura

En el siglo XVIII, el barón de Montesquieu escribió que “el carácter del espíritu y las pasiones del corazón son extremamente diferentes en los diversos climas”. La frase siempre fue polémica, pero no hay duda de que las ideas occidentales sobre la sexualidad son muy distintas a las de la Amazonía. Por ejemplo, después de un estudio publicado en el 2018, la antropóloga Luisa Elvira Belaunde afirmó en una entrevista que en esa región “la sexualidad es una manera de entrar en contacto con el otro”.


En esta imagen, Emilram Cossío ensaya una coreografía en el personaje de ‘El Sinchi’. Foto: Giuseppe Falla para Los Productores.


Para Fisher, este musical se trata de un hombre enfrentado al deseo en un contexto que cuestiona su propia manera de entender la sexualidad. Así, la selva representa un espíritu de goce y ligereza que la obra lleva al extremo para que el público se llene de energía. Por eso, tanto las canciones como el vestuario de Leslie Hinojosa, los looks de Laura Quijandría y la escenografía de Sebastián Domínguez -que ha llevado un barco al Teatro Peruano Japonés- buscan transmitir la irreverencia y la calentura amazónicas.

A diferencia del general Scavino, no podemos asegurar que todos los hombres se vuelvan “pinga locas” en Iquitos. Basta saber que la vida tiene infinitas posibilidades en el escenario. De alguna manera, Vargas Llosa lo demuestra en el prólogo de su novela: “Algunos años después de publicado el libro —con un éxito de público que no tuve antes ni he vuelto a tener— recibí una llamada misteriosa, en Lima: ‘Yo soy el capitán Pantaleón Pantoja’, me dijo la enérgica voz. ‘Veámonos para que me explique cómo conoció mi historia’. Me negué a verlo, fiel a mi creencia de que los personajes de la ficción no deben entrometerse en la vida real”.

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