El ojo avizor de Diego Nishiyama

Este artista, perteneciente a una familia de fotógrafos cusqueños, se ha propuesto redescubrir su tierra a través de la mirada perspicaz detrás de una cámara fotográfica.

Una imagen reflejada en el ojo de una llama. Tarea difícil de concretar. “Esa foto me gusta mucho. Miré un documental sobre los ojos de distintos animales vistos con un microscopio. Fue increíble. Cuando adquirí un buen lente macro, descubrí otro mundo maravilloso de cosas pequeñas a las que muchas veces no le prestamos atención. Luego de varios intentos, al fin una llama dejó que me acercara lo suficiente para tomar la foto y ver mi propio reflejo en su ojo. Intenté varias veces y me trataron de patear en varias oportunidades. Pero lo logré con paciencia”, recuerda Diego sobre esta imagen. “Porque la fotografía es paciencia, observación y entendimiento. Es un aprendizaje permanente y perfeccionamiento, que sólo se logra con constancia y práctica”.


El Apu Ausangate, con 6383 metros de altitud, conectado a la Vía Láctea. Foto: Diego Nishiyama.


Diego Nishiyama proviene de una familia de fotógrafos cusqueños que tiene su origen en la migración japonesa al Perú. Su tío abuelo, Eulogio Nishiyama, fue un ícono del mundo fotográfico en el Cusco. Pero no fue el único de la familia que se dedicó a la fotografía. “Mi abuelo, Félix Nishiyama, fue el hermano menor de Eulogio. Aunque no fue tan conocido, tiene un archivo fotográfico bastante interesante de Cusco y del Perú. Además, hay una colección increíble de más de cien cámaras antiguas en Lima que me gustaría algún día exhibir acá, en su tierra. Le encantaba viajar, pero se dedicó más a sus negocios”, recuerda Diego. “Mi tío Carlos, hijo de Eulogio, es bastante conocido en el Cusco y muchos amigos fotógrafos lo llaman el ‘Máster Nishiyama’”.


El Apu Ausangate, la luna llena y Orión. Foto: Diego Nishiyama. Foto: Diego Nishiyama.


Sus recuerdos de niñez se remontan a un cuarto oscuro con luz roja, “ayudando a mi padre a revelar las fotos carnet y pasaporte en el estudio de la familia”, dice. “Siempre tuve cámaras fotográficas como juguetes. La fotografía es un oficio que hago desde hace mucho y me siento afortunado de haber crecido en ese ambiente, lleno de arte, pero también era un negocio donde interactuábamos con personas de todo el mundo”, sostiene sobre la tienda fotográfica en Cusco que tiene más de medio siglo.


María Rojo y su wawa, palabra quechua para bebé. Foto: Diego Nishiyama.


Diego publicó hace unos años su primer libro, junto a otros fotógrafos, sobre el Apu Ausangate, la quinta montaña más alta en territorio peruano. El fotógrafo cusqueño relata que fue más de 25 veces durante seis años para fotografiar esta montaña sagrada en la cosmovisión andina. “Siempre hay algo mágico que ver, algo nuevo que te conmueve, que te inspira, que te atrapa”. El trabajo de esperar el momento adecuado para realizar la foto que él quería requiere de mucha paciencia. “Solo así puedes hacer una buena foto de paisaje. Alguna vez leí que la fotografía de paisaje puede ser el mayor reto y satisfacción de un fotógrafo o su peor decepción. Es un permanente aprendizaje de perfeccionamiento, que sólo la constancia, la práctica y el conocimiento que adquieres en talleres, cursos o libros de fotografía te darán”.


Otra foto del Apu Ausangate, de día, es la montaña más sagrada en la cosmovisión andina. Foto: Diego Nishiyama.


Si bien Diego se dedica a la fotografía, hoy en día, en pleno, no siempre fue así. “Soy administrador y he trabajado en muchos hoteles y restaurantes. Pero la fotografía estuvo siempre ahí. Hasta hace siete años solo tenía cámaras análogas. Me oponía migrar a una cámara digital. Luego decidí seguir el llamado del arte y la sangre y dedicarme de lleno a la fotografía. Cambié los hoteles por las cámaras y los lentes, por las montañas y la naturaleza”.


Alejandro y Seferino, durante la ceremonia de la T’inkada de las llamas. Foto: Diego Nishiyama.


La publicación del libro, que se puede adquirir tanto en Lima como en Cusco, ha logrado consolidar la carrera fotográfica de Diego Nishiyama. “Creo que tengo un poco más de credibilidad y respeto de parte de la comunidad artística desde ese momento. Verás, tengo unos zapatos bastantes grandes que llenar, mi abuelo y mi tío abuelo fueron muy importantes para la fotografía cusqueña y yo trato de no quedar lejos de ellos. Aparte, creo que también ese libro ha abierto las puertas para proyectos más importantes en mi carrera que espero ir concretando poco a poco”.


Llamas y el nevado Santa Catalina en el fondo. Foto: Diego Nishiyama. Foto: Diego Nishiyama.


*****
El Apu Ausangate, un recorrido por la cordillera del Vilcanota

Lugares de venta en Lima:
Íbero Librerías de Avenida Larco 199 y Centro Comercial Larcomar
Foto Nishiyama – Calle Morelli 131, San Borja

Lugar de venta en Cusco:
Foto Centro Nishiyama – Triunfo 346

Vea otras fotos a continuación:


Vinicunca, la montaña de siete colores, antes de que se convierta en un destino turístico. Foto: Diego Nishiyama.



Laguna Huampococha y el Nevado del Inka. Foto: Diego Nishiyama.



Iglesia de Checacupe. Foto: Diego Nishiyama.



Interior de la iglesia de Checacupe. Foto: Diego Nishiyama.



Deshielo del nevado Santa Catalina. Foto: Diego Nishiyama.



Pago a la Pachamama. Foto: Diego Nishiyama.


 

Artículos Relacionados

  • Cuide el planeta con estos 10 cambios en su rutina
  • Estas son las 6 funciones nuevas que debe conocer de WhatsApp
  • Estos son los 10 bosques más bellos del mundo
  • Este es el poder de los abrazos en la era digital