Mitos y verdades sobre Machu Picchu

¿Fue Machu Picchu una ciudad sagrada? ¿Existen entre sus muros de piedra un poderoso vórtice energético? Decenas de leyendas se tejen bajo esta maravilla universal.

A las 6:20 de la mañana del 12 de marzo de 2014 ocurrió algo inusual en Machu Picchu. Dos chicos australianos, Thomas William Halse y Sam Adrian Parnell, con 22 y 24 años respectivamente, se les ocurrió desnudarse en el sector conocido como la Casa del Guardián y hacerse un selfie, con el Huayna Picchu en el fondo, mientras miles de turistas empezaban su visita en la ciudadela inca. No fue un hecho aislado. A las 8:00 a.m. dos canadienses de 20 años se quitaron toda la ropa cerca al Templo de las Tres Ventanas para hacer lo mismo. Tal como sus madres los parieron al mundo. Los medios peruanos difundieron la noticia que, en pocas horas, se convirtió en trending topic en las redes, en medios de todo el mundo y hasta tema de Estado.


La religiosidad inca incluía la creencia en la sacralidad de la naturaleza andina, sostene la historiadora Mariana Mould de Pease. En la foto, el Cerro Putucusi fotografiado en 1930 por Martín Chambi.


Parnell trató infructuosamente de sobornar a un policía, pero todos – los australianos y los canadienses – fueron detenidos y conducidos a la comisaría en Aguas Calientes. La policía les incautó las tarjetas de memoria de sus cámaras digitales para borrar las imágenes de aquellos actos “obscenos, irrespetuosos e irreverentes”, según las autoridades peruanas. En un comunicado público emitido ese mismo día, Perú amenazó con expulsar a cualquier persona que no respete “la sacralidad” de Machu Picchu. No se diga más. Los hechos no fueron aislados, porque hubo más casos ese año. En 2015 se reportaron 20 casos de personas que se fotografiaron o corrieron, de un lado a otro de la ciudadela inca, desnudos. Quizás haya un resurgimiento de aquella costumbre, tan de los setenta, de andar sin ropa por todos lados o más probable que se expanda la tendencia relativamente reciente de abrazar el cosmos y toda su energía de la forma más natural del mundo.

La energía: ¿realidad o fantasía?

“Machu Picchu vive su momento de carnaval. A los gringos se les ha dado por calatearse, alucinando o creyendo con fervor que sus cuerpos desnudos al sol recibirán esa famosa energía de la que te hablan tantos místicos, loquitos y turistas que rondan las ruinas incas de Cusco”, escribió la periodista y viajera peruana María Luisa del Río unos días después de los acontecimientos. “Con ese sol y todas esas historias a cuestas, los turistas que no tienen complejos improvisan una manera de entregarse por completo a eso que buscan: la energía. Como poner pilas recargables en el cargador”.


El intihuatana, el lugar donde se amarra el sol, según la creencia andina. Foto de José Álvarez Blas.


¿Pero es una realidad o fantasía? Durante las once veces que he visitado la ciudadela inca – desde aquella primera vez en julio de 1980, junto a mis padres, a los once años – he visto cientos de turistas de todos los rincones del planeta arrodillándose emocionados, abrazando las piedras, agarrados de las manos, meditando, cantando, gimiendo, gritando o haciendo rituales rarísimos, incluyendo a mochileros hippies, fumadores de marihuana, viajeros psicodélicos, miembros de sectas, gurús New Age, chamanes charlatanes y hasta uno que otro personaje con pinta de extraterrestre. Todo el mundo hace algo para procurarse de aquella energía que supuestamente irradia del lugar arqueológico que algunos consideran sagrado. Entonces solo basta sentarse frente a una laptop y escribir las palabras “Machu Picchu” y “energía espiritual” en Google: aparecen 170 mil entradas.

Testimonio de una mujer conversa

“Yo era muy escéptica para aceptar que una piedra pudiese irradiar energía”, escribió en 2018 una chica inglesa identificada como LeedsOutdoorGirl en Trip Advisor. Se refería al intihuatana, un gran monolito tallado en piedra, cuyo nombre en quechua significa “lugar donde se amarra el sol”. Se trata de uno de los puntos de mayor importancia dentro de Machu Picchu que, por mucho tiempo, los arqueólogos han creído que fue un reloj solar. Los ángulos de la piedra apuntan a los cuatro puntos cardinales, más precisamente hacia el cerro Huayna Picchu y el nevado Salcantay – de norte a sur – y de este a oeste, hacia los nevados Huacay Huillca (también conocido como nevado Verónica) por donde sale el sol durante el equinoccio, y el cerro San Miguel donde se ha encontrado una plataforma inca.


Los ritos en Machu Picchu incluyen chacchar (mascar en quechua) hojas de coca por chamanes y sus acólitos. Foto de José Álvarez Blas.


Según el antropólogo estadounidense Johan Reinhard, el célebre descubridor de la momia Juanita, el uso del intihuatana debió estar relacionado con la observación astronómica y las fuerzas cósmicas. Quizás por ello, los turistas solían poner sus manos sobre la gran piedra con los ojos cerrados para cargarse de energía, antes que fuera cercado con un cordón, después que un fabricante de cerveza fuera responsable de dañar el intihuatana durante el rodaje de un comercial.

El comentario de la chica inglesa continúa: “Cuando colocas tus manos se siente frío. Pero si las elevas un poco sobre la piedra y logras que tu mente se ponga en blanco, sentirás que tus manos empezarán a entrar en calor y una sensación de cosquilleo subirá a tus brazos. Me asustó un poquito y por eso me detuve. Pero me sentí totalmente cargada de energía a pesar que estuve caminando todo ese día desde las cinco de la mañana. Tanto que no pude dormir aquella noche”.

Machu Picchu es el vórtice

Según los entusiastas seguidores de lo espiritual y esotérico, Machu Picchu es un lugar sagrado que sería el epicentro de un “vórtice energético” muy poderoso. Para entender este concepto hay que mencionar al estadounidense Drunvalo Melchizedek (cuyo verdadero nombre es Bernard Perona), autor de The Serpent of Light: The Movement of the Earth’s Kundalini and the Rise of the Female Light, 1949 – 2013 (La serpiente de luz: El movimiento del kundalini en la tierra y el ascenso de la Luz Femenina, 1949 – 2013), donde explica este fenómeno desafiando los límites de la imaginación. Según Melchizedek, él fue enviado para asistir a nuestro planeta, la “Gran Madre”, en un proceso de transformación que se lleva a cabo cada 13 mil años.

La energía kundalini de la Gran Madre emerge desde algún lugar del centro de la tierra y se mueve como una serpiente hacia la superficie del planeta. Esta fuerza o vórtice energético ya estuvo en Lemuria, la Atlántida y en la cordillera del Himalaya en la India y el Tibet. Ahora estaría en el corazón de los Andes. Melchizedek asegura haber viajado más de tres décadas alrededor del mundo para completar su misión. Todo esto explicaría por qué Machu Picchu es uno de los lugares sagrados, donde se sitúa este vórtice energético, que atrae a cientos de miles de personas de todo el mundo. Impresionante. Pero ¿cómo comprobar si es cierto lo que dice en su libro?

Los marcianos llegaron ya…

Algunas páginas en internet, como Globerove.com lo explican de forma más pintoresca: “Se dice que los extraterrestres han estado protegiendo el vórtice energético durante milenios y guardianes planetarios mantuvieron la ciudad – Machu Picchu – escondida durante seis siglos”. Hugh Thomson, periodista y documentalista británico autor de The White Rock (La roca blanca), donde narra sus aventuras en Machu Picchu y alrededores durante principios de la década de los ochenta en el siglo XX, relata con cierto sarcasmo un encuentro casual con un personaje que encarna al clásico y pintoresco viajero espiritual que mira a la ciudadela inca con otros ojos: “El hombre de la barba dijo ‘yo me tomé un ácido justo al entrar a las ruinas y enseguida me percaté que el ingreso a la ciudadela también es un portal a la ciudad de cristal que está debajo de Machu Picchu’.”


Machu Picchu fotografiado en 1925 por Martín Chambi.


En 1983, Shirley MacLaine, una figura de Hollywood mucho más mediática que Melchizedek, situó a Machu Picchu bajo los reflectores. La reconocida y premiada actriz estadounidense publicó Out on a Limb, un libro autobiográfico que describe sus viajes por el mundo espiritual del New Age. Después de visitar el Perú, MacLaine, quien cree en la reencarnación, aseguró que fue una princesa inca en una vida anterior y que Machu Picchu fue construida por los extraterrestres. El libro fue un éxito de ventas y hasta se hizo una miniserie en 1987.

En 2019 a un taxista cusqueño no le hace mucha gracia cuando le resumo estas historias. “A mí me parece un insulto que nos vengan a decir que las ruinas fueron hechas por los extraterrestres”, se queja mientras me lleva al aeropuerto Velasco Astete del Cusco. “La gente habla estupideces porque no conocen la sabiduría que tuvieron los incas”. De acuerdo, Machu Picchu no fue construida por los marcianos. ¿Pero dónde se origina la idea que esta ciudadela inca fue sagrada?

Esoterismo versus historia

Hiram Bingham, quien dio a conocer Machu Picchu al mundo en 1911, fue el primero en otorgarle el título de “lugar sagrado” sin entrar en supuestos esotéricos. El explorador nacido en Hawái, sostuvo inicialmente que la ciudadela inca fue el refugio de las Vírgenes del Sol, debido al hallazgo de gran cantidad de restos óseos pertenecientes en un 75% a mujeres, según George Eaton, el osteólogo que lo acompañó. En 1980, nuevos estudios confirmaron que los datos de Bingham y Eaton eran errados. Los restos óseos encontrados eran mitad de hombres y mitad de mujeres.


Machu Picchu visto desde la cumbre del Huayna Picchu. Foto de José Álvarez Blas.


Décadas después, la historiadora peruana Mariana Mould de Pease, junto a otros académicos peruanos y extranjeros, afirman que la ciudadela inca fue una llacta (o “tierra” en quechua) construida por el emperador Pachacútec en el siglo quince. Machu Picchu habría sido un lugar de recreación para la panaca real o linaje del inca que, por suerte, nunca fue hallada por los conquistadores españoles. “La religiosidad inca incluía la creencia en la sacralidad de la naturaleza andina. Esto se hace evidente en la construcción de Machu Picchu que, al no haber sido ocupado por los europeos, conservó hasta el siglo XX las evidencias de su ensamblaje perfecto con la naturaleza circundante”, afirma Mould de Pease.


Muros y portadas en Machu Picchu fotografiado por el suizo Werner Bischof.


“La cultura hippie internacional y la industria turística promueven este culto a la energía solar pero deben ser respetuosos de la sacralidad precolombina de Machu Picchu. Inventar mitos o leyendas para entretener a los turistas por el desbordado afán de lucro de cierto sector del empresariado turístico desvirtúa su espiritualidad”, advierte la historiadora. En otras palabras, déjense de tonterías. O como dice Iñigo Maneiro, un periodista y consultor en turismo, nacido en País Vasco pero que lleva más de veinte años en Perú: “Cuando hay naturaleza cerca, montañas, bosques, animales y agua, como ocurre en Machu Picchu, y personas con ánimo de fiesta y de vivir la vida, como muchas de las que se congregan en Cusco, siempre hay energía y de la buena. El resto son cuentos”.

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